Norma Osnajanski, una trabajadora de prensa inquebrantable

escribe Julia Pomiés

La primera noticia me cayó como una barra de hielo en el estómago:

Soy Iván, el hijo de Norma Osnajanski.
Ella falleció a las 4.30 am de hoy, domingo, 27 de junio de 2021.
Aquí, en Bariloche, donde el sol está presente ahora mismo con su luz y tenue calor invernal. Aquí encontró refugio y plataforma para ejercer lo que mejor supo hacer toda su vida: cultivar y honrar la amistad y a los amigos. Siempre del lado de los buenos.

Debajo de la carta de Iván en facebook escribí: Adiós hermana de tantas hermandades compartidas… y tantas que ya no podremos compartir… Y el hielo se fue convirtiendo en metal incandescente. Rabia. Como la que ella confesaba más de una vez que ardía en el filo de sus dientes, en el deseo de morder con esa boca grande y hermosa, que también era sabia de sonrisas, de besos, de carcajadas…

Y de ahí derivé a sus ojos, claros, luminosos, espléndidos de dulzura y lucidez, de inventiva y memoria.

Entonces la memoria me llevó a evocar a las tantas Normas que conocí. La militante, la periodista, la exiliada, la argenmex, la artífice de mágicos talleres de escritura, la gestaltista mano derecha de La Nana en Chiloé. La mamá de Iván y la alma mater de una numerosa y variopinta tribu que supo convocar en su facebook a fuerza de poesía, imágenes, música, homenajes y denuncias. La amiga. La más fuerte y la más frágil amiga.

Nos conocimos al principio de los años ’70 en la editorial Abril, en las redacciones y en las asambleas. Dos muchachas combativas. Después supe que ella lo era mucho más que yo.

Norma se enteró de que estaba embarazada el 24 de marzo de 1976. Una coincidencia tramenda y paradójica.

En un artículo para la revista Haroldo, muchos años después, escribía:

Hasta el día de hoy esos dos hechos juntos me resultan casi irreales, un big-bang imposible: en mi cuerpo, creciendo la vida; en el cuerpo de mi gente, la muerte que ya había empezado su marcha con la Triple A y que desde esa noche redoblaría el paso con los militares.

Aun en medio del terror, permanecí en el país durante el 76. Para mí era inconcebible alejarme de mi obstetra y parir en España o en México, desde donde exiliados amigos nos urgían a partir.

Mi hijo nació el 1º de diciembre y en enero del ’77 supe que, como fuera, tendríamos que salir. No porque tuviéramos indicios ciertos de estar siendo buscados, sino porque una mañana recogí el diario y una de las tantas noticias de muertes y desapariciones me llevó hasta el borde de la cama donde aún dormía mi marido para decirle: “Ayer la mataron a Cristina Bettanin y yo no puedo llorar. ¿Te das cuenta de que no puedo llorar? Estoy viva y seca. Este país se acabó para mí. Mi profunda y amorosa amistad con Cristina no se había dado en la militancia, sino que fue germinando en las redacciones, ella con su cámara de fotos y yo con mi grabador. Compartimos eso y mucho más. Como mucho más fue lo que compartí con los otros compañeros del gremio de prensa que hasta hoy están desaparecidos y formaron parte de mi vida: María Bedoian, Marta Mastrogiácomo, Jaime Colmenares, Enrique Raab…

Para todos ellos no he cesado de cavar fosas en el aire. He llevado tempranos carteles con sus nombres en las primeras marchas de las que participé desde el 83, a mi regreso de México, y con ellos -con los 30.000 presentes, hoy y siempre- marcho cada 24 de marzo. Así lo haré este año también. Porque Juan Gelman me enseñó que no es para quedarnos en casa que hacemos una casa, no es para quedarnos en el amor que amamos y no morimos para morir, tenemos sed y paciencias de animal. Tenemos sed aún. Se llama Memoria, Verdad y Justicia. Por eso escribimos. Y por eso marchamos»-

https://revistaharoldo.com.ar/nota.php?id=117

Poco antes de su partida a México estábamos trabajando en un suplemento especial de Claudia Belleza. Lo hacíamos a medias, y a ella le vendría muy bien ese dinero que cobraría antes de irse. Se llevó las fotografías de sus artículos para escribir los textos en su casa. El día que vino a entregarlo ¡se olvidó todo el material en el taxi! Creo recordar que la editorial le pagó de todos modos, no estoy muy segura, pero sé que “los Civita” (dueños de Abril) apreciaban a su gente y la ayudaron a irse del país cuando fue necesario. Sí recuerdo con claridad su angustia, y mi apurón para completar las páginas faltantes. Una dura despedida.

Eso fue solo el preludio de otra catástrofe próxima. En la mudanza se perdió la mayor parte de los libros, ropas y objetos que enviara. Años después, ya de regreso, escribió un artículo para la revista Uno Mismo que se llamó Mi vida en 7 canastos. Relato del dolor y reflejo de su entereza para afrontar la pérdida. En los últimos días he estado buscando infructuosamente esa nota. Y otra más: Vidas re-partidas, escrita ya en Buenos Aires, con la preocupación por sus amigas y amigos mexicanos durante el terremoto de 1985. Textos de una gran profundidad reflexiva y un enorme coraje para exponer y compartir sentimientos, y expandirlos de tal modo que nos alcanzaran y pudiéramos descubrir cuánto nos atañen e implican. Ese era el secreto y la habilidad que Norma profundizó en Uno Mismo. Allí nos impulsaba a escribir “con las tripas en la mano”; el tipo de publicación que hacíamos requería subjetividad a raudales. En la misma dirección orientaba sus talleres de escritura creativa, meditativa, imaginaria o autobiográfica… pero siempre construida a partir de la memoria y, sobre todo, de los sentidos. En muchos encuentros explorábamos olores, tactos, sabores, sonidos, imágenes… con los ojos cerrados… buceando en el mágico mundo interno… Y, en seguida, la consigna era dejar salir la escritura a borbotones, sin censura previa. Releer, corregir y pensar, eran pasos posteriores.

Norma dirigió diversas publicaciones en México, Argentina y Chile.

En junio del 21 Juan José Panno (Periodista. Fundador de TEA y Deportea) la recordó en un artículo titulado Norma, los ojos, la vida, donde dijo:

Norma Osnajanski tenía unos ojazos hermosos, expresivos, que apuntaban como rayos de luz a las causas nobles; una sonrisa fácil, la voz ronca, dulce. Pronunciaba bien, escribía mejor, era muy buena periodista y excelente maestra del idioma. Todos quienes fueron su alumnado en TEA la recordarán en estos días con mucho cariño.

Decía que los signos de puntuación son como las señales de tránsito del idioma y cada vez que escribo algo me acuerdo de eso”, resumió Gabriela Tijman al evocar sus clases magistrales de lenguaje periodístico.

Los que fueron sus compañeros en la Editorial Perfil, en TEA, en Unomismo, en el exilio mexicano, los de su querido Chile, donde vivió muchos años, los que editaron sus libros, los amigos de los últimos tiempos en las redes, todos se juntaron en un enorme abrazo que unió tiempos y distancias para homenajearla.

Siempre del lado de los buenos, Norma querida, entrañable amiga.

https://deporteanews.com/norma-los-ojos-la-vida/

En 1995 Kiné cumplió sus primeros 3 años. Lo celebramos en un encuentro del MoTrICS (Movimiento de Trabajadores e Investigadores Corporales para la Salud) Actualmente se está trabajando en el rescate de los materiales filmados entonces, y pude ver la intervención de Norma en esa ocasión. Conmovedora y generosa su opinión desde lo profesional. Pero lo más fuerte hoy es que en lo personal añadió: Julia ya dijo que nos conocemos hace muchos años, quiero agregar que en ese tiempo hemos compartido tantas muertes y tantos renacimientos… Me heló la sangre verla y escucharla en ese video. Norma querida, esta muerte no la hemos compartido. En esta me quedé sola.

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