Sensibilidad “troll”

Estamos viviendo un histórico social que nos hace desconfiar de las propias sensaciones, percepciones, evaluaciones, ideas… imponiéndonos otras como “reales”. Es necesario prestar mucha atención a este mecanismo. A ese proceso que Susana Kesselman denomina: “trollización” de la sensibilidad, y que es la construcción de una maquinaria de desconfianza en nuestros registros perceptivos.

Escribe Susana Kesselman

La producción de subjetividad tal vez sea más importante que cualquier otro tipo de producción, más esencial que el petróleo y que las energías.

Félix Guattari en Micropolítica

Estamos en el ámbito de lo corporal, del desarrollo del ser sensible, un lugar al que las técnicas corporales defienden como un lugar de conocimiento. Ocurre, sin embargo, que las sensaciones no siempre tienen buena prensa. Decís “Tengo sensación de frío”, y alguien puede decirte “Pero no hace tanto frío, mirá los datos del tiempo, lo tuyo es una sensación”. Y sí, es una sensación. Vos tenés receptores –terminaciones nerviosas que están en la piel que te informan temperaturas– y sentís frío. Es importante que defiendas esa sensación que habla de tu manera de sensoriar que, como suele ocurrir, se mezcla con estados de ánimos. A lo mejor ese día en el que sentís frío no hay una buena luz o te la cortaron, notás la humedad en las paredes de tu casa que considerás que ese día están más extendidas o te acompaña una persona gélida que te hace sentir el frío en tu cuerpo y diversidad de variantes. Así sucede con otras sensaciones corporales que son tus maneras de sensoriar que dependen de diversidad de variables.

Pero, cuando alguien te dice Es tu sensación, está diciendo algo más. Te dice tu sensación no es confiable. Cuidado con tus sensaciones que pueden darte datos falsos y crearte una realidad mentirosa…

Estamos viviendo un histórico social que te hace desconfiar de tus sensaciones imponiéndote otras como reales, por eso es necesario prestar atención a este mecanismo referido a cuestiones muy amplias. A este proceso que denomino “trollización” de la sensibilidad, y que no es más que la construcción de una maquinaria de desconfianza en tus registros perceptivos. Registros propios que, justamente, son tus antenas para moverte en un mundo de mucha confusión: el mundo al que el neoliberalismo te condena cuando te hace sentir que sos un inútil o un fracasado por no ser un emprendedor, porque sos pobre o perdiste tu empleo.

El troll en la mitología

Troll. (fuente Wikipedia) Un trol (del nórdico troll) es un temible miembro de una mítica raza antropomorfa del folclore escandinavo. Su papel en los mitos cambia desde gigantes diabólicos —similares a los ogros de los cuentos de hadas ingleses— hasta taimados salvajes más parecidos a hombres que viven bajo tierra en colinas o montículos, inclinados al robo y el rapto de humanos que, en el caso de los infantes, eran sustituidos por niños cambiados. También se les puede llamar «gente de la colina» o «del montículo».

El Troll en las redes

Lo más probable es que esta altura de la penetración de Internet y de las redes sociales en cada uno de los aspectos de nuestra vida, hayamos sido víctimas de un “Troll”. Todos sabemos que esto es algo muy habitual en foros y otras comunidades. ¿Pero realmente conocemos lo que el concepto de troll significa?

Básicamente un troll es aquel que publica mensajes en una discusión en un foro, chat o red social, estando los mensajes principalmente armados con la intención de confundir, provocar e irritar a quienes participan de dicha discusión con el fin de que los mismos terminen enfrentándose entre sí. La misión del Troll es crear y publicar mensajes con diferentes contenidos. Estos pueden incluir insultos, mentiras, es decir todo lo que pueda irritar a quienes están en una discusión. Este tipo de mensajes infecta el estado de ánimo y te enferma de desconfianza. Un Inventario Global de Manipulación en Redes Sociales reveló que Argentina está entre los 28 países que operan con este tipo de usuarios anónimos. Tres categorías de usuarios se engloban trolls: una son los “bots” (versión corta de “robots”), que se crean y administran en masa. No tienen una identidad definida y se usan ante todo para difundir mensajes repetidos en miles de cuentas similares, en busca de instalar temas y generar ruido en conversaciones. La segunda son los “fakes” (“falsos”), usuarios que se hacen pasar por personajes reales como periodistas famosos o inventados. Por último, los trolls que se dedican a los mensajes propios y a perseguir, maltratar a otros usuarios con nombres de fantasía.

“Sociedad de Con-Troll”

Roque Farran, filósofo, investigador del Conicet escribió una nota con el título que encabeza este apartado. Nos dice: “Estamos en lo que llamaría una “Sociedad de Con-Troll”, variación tragicómica de la denominación foucaulteana-deleuzeana, es decir, una sociedad donde prima la producción de subjetividades Troll. Me ha sorprendido que incluso gente próxima y formada se comunica así, se “trollifica” en los medios virtuales donde se habilita la impunidad y el anonimato. Por otra parte, para contrarrestar esos efectos de subjetivación alienante, he insistido mucho en la noción de uso: el uso de los saberes y dispositivos, incluidas las redes sociales. No obstante, recientemente decantó una nueva expresión, la cual trata de dar cuenta de por qué, sostengo, por más que las corporaciones dispongan de todos mis datos, trayectos y elecciones, jamás podrán captar en verdad mi deseo; esa expresión es: “subjetividad encriptada”.

Biopotencia

En la actividad de un terapeuta corporal, aún de disciplinas que difieran en las concepciones que las sustentan, los objetivos son los de “producir cuerpo”, multiplicar la sensibilidad para aprender a observarse en estados corporales diversos, en posturas estereotipadas o variadas, en modos de moverse, de reaccionar a diferentes estímulos. Es decir, hacer de la sensibilidad corporal una bandera. Me gusta repetir una idea que enuncia el filósofo Gilles Deleuze: “Interrogar la sensación aunque sólo el silencio responda”.

En nuestro trabajo, el observador es el que observa su propio cuerpo, sus reacciones, sus estados. Sujeto y objeto de la observación están en un mismo plano, algo que puede dificultar la objetividad de dicha observación, pero que dentro de un proceso de incremento de la conciencia del sujeto que observa se va construyendo y afinando. Aun así, la pretendida objetividad de un observador externo al sujeto de la observación tampoco diría con precisión de qué se trata ese cuerpo. En este tiempo de los nuevos paradigmas la subjetividad es una herramienta de la observación que ya no se discute ni en las ciencias duras.

El registro de la sensación como ejercicio de vida

Termino con un pequeño fragmento que tomo del libro “Corpodrama” (Editorial Lumen Humanitas), escrito con Hernán Kesselman y nuestros hijos Martín y Mariana, ambos psicólogos.

El desarrollo de la sensibilidad punza a un no saber que desestabiliza el saber oficial que cada uno tiene sobre sí mismo. Es tal la diversidad y variación de las sensaciones que afectan a un cuerpo, que sólo podemos vivirla. Vivir la diversidad como afirmación de vida sin interferirla intentando atraparla y fijarla.

Vivirla es confiar en ese “no saber que sabe qué le pasa a “un” cuerpo, el propio, y que siempre será un devenir corporal y no un estado permanente que lo lleve a estereotiparse. No estar desprevenidos, pero dejarse sorprender.


Susana Kesselman es licenciada en Letras, Eutonista, Asesora del Centro de Psicoterapias Operativas. Autora de numerosos libros, entre ellos: Dinámica Corporal, El pensamiento corporal, El cuerpo en estado de arte, y las novelas La Sudaca y Crónica de un exilio. [email protected]