Fascias: un sistema de integración

 

Fascias: un sistema de integración

Escribe Olga Nicosia

 

La amplitud del estiramiento del sistema fascial depende de su ubicación. Es mayor, por ejemplo en la piel, y mucho más pequeña en el tendón. Esto depende de la proporción y de la densidad de las fibras de colágeno, como también del tipo de colágeno que participa en la construcción del sistema fascial en cada zona del cuerpo. El espesor y la densidad del colágeno cambian también según la edad y los requerimientos funcionales. —Andrzej Pilat

El sistema fascial del organismo es uno de los sistemas de integración (junto con los sistemas circulatorio, nervioso, endocrino e inmunológico). Tiene un recorrido continuo: envuelve todas las estructuras somáticas (huesos, músculos, articulaciones) y viscerales; incluye a las meninges (membranas del sistema nervioso). Y además, fundamentalmente, conecta esas estructuras entre sí, les da soporte y determina su forma. Paradójicamente une y separa a todas las estructuras hasta la más pequeña: la célula.

La disposición de los nervios, los vasos arteriales, venosos y linfáticos, la función nutricia e inmunológica está sustentada por las fascias, “una especie de ininterrumpida red de integración corporal” según Andrzej Pilat.

Ida P. Rolf, creadora de la técnica de integración de las estructuras a la que llamó Rolfing, Andrew Still, “el padre” de la osteopatía, M. Bienfait con sus propuestas de terapias manuales, Andrzej Pilat en su “Inducción miofascial” y Philippe Souchard con su trabajo sobre la globalidad, son algunos de los que han logrado un cambio en la mirada acerca del cuerpo, evidenciando que no podemos dejar de vernos desde la unidad, la integración y la interacción.

Las funciones básicas de las fascias son: protección, absorción de impactos y amortiguación de presiones, formación de compartimentos corporales, determinación de la forma de los músculos y mantenimiento de la masa muscular en una posición óptima. También se desempeñan en la suspensión, sostén, soporte nervioso, vascular, linfático y del equilibrio corporal, nutrición de los tejidos, ayuda en la cicatrización de las heridas y la coordinación hemodinámica, trabajando como una bomba periférica que favorece el retorno venoso y linfático.

Las fascias están constituidas por el tejido conectivo o tejido conjuntivo que constituye el 16% del peso corporal y el 23% del agua del cuerpo (A. Pilat), y engloba a una variedad de tejidos que se diferencian sólo por una cuestión de reparto, proporciones y organización de los mismos componentes. Como si varios chefs prepararan distintos platos disponiendo de los mismos ingredientes, en proporciones a elección.

Todos esos tejidos derivan del mesodermo, la capa intermedia del embrión que primariamente sirve de sostén y protección y luego evolucionan de manera más compleja y diferenciada formando aponeurosis, músculos, tendones, ligamentos, fibrocartílagos, huesos, etc.

La composición básica del tejido conectivo es: I) células II) matriz extracelular, constituida por 1) la sustancia intercelular o sustancia fundamental y 2) las fibras.

 

Células:

1) Fibroblastos que secretan 2 proteínas que son la esencia del sistema facial: el colágeno y la elastina.

2) Adiposas: almacenadoras energéticas.

3) Libres: a) macrófagos que preparan las heridas para el proceso de cicatrización.

  1. b) cebadas o mastocitos, con participación importante en la primera etapa de la inflamación y en los procesos inmunológicos.

 

Matriz extracelular:

1) Sustancia fundamental: ocupa todo el espacio entre las células y las fibras y es un gel incoloro con proteínas hidrófilas, es decir que atraen el agua al interior del tejido, por lo que actúa como lubricante, limpiador y distribuidor de nutrientes, nexo del sistema arterial, venoso y linfático.

2) Fibras de colágeno: es la proteína más abundante y asegura a la fascia fuerza y protección de los estiramientos excesivos. Paradójicamente son flexibles pero no elásticas, la elasticidad la logran por un trabajo en equipo entrecruzándose como una malla.

3) Fibras de elastina: proteína que permite elasticidad en lugares específicos, por ejemplo los pulmones, con gran expansión en la inspiración y vuelta al volumen original en la espiración.

 

Tipos de tejido conectivo

 

Areolar o laxo: el más extensible, elástico y más ampliamente distribuido.

Pocas fibras y entrelazadas de manera abierta, la grasa corporal se deposita y almacena en este tipo de tejido. (ver gráfico 1).

Ubicación: debajo de la piel (fascia superficial), mucosas y envolturas viscerales.

Podríamos pensar en el efecto que produce la lipoaspiración en estas microestructuras fasciales: algo así como una “masacre”. Desde un punto de vista ecológico, si la grasa es almacenamiento de energía, sería mas adecuado ingerir menos o gastarla más a través del movimiento. Más barato, divertido y saludable.

Denso irregular: resistencia mecánica multidireccional

Gran cantidad de fibras de colágeno y fibras elásticas que se distribuyen en todas las direcciones, poca sustancia fundamental. (ver gráfico 2).

Ubicación: Cápsulas articulares, periostio, cartílagos, duramadre, vainas de los nervios, envoltura de órganos.

Denso regular: más rígido, resistente al estiramiento.

Fibras de colágeno apretadas y en paralelo, pocas fibras elásticas, poca sustancia fundamental. De acuerdo a los requerimientos mecánicos, su elasticidad varía en función del número de fibras de elastina (ver gráfico 3).

Ubicación: Tendones, ligamentos, aponeurosis.

En donde se requiere más estabilidad como en el hueso, la matriz se impregna de sales minerales.

Clasificación de las fascias

Existe una disparidad de criterios en cuanto a la clasificación topográfica y funcional del sistema fascial. Podríamos sintetizarlo en fascia superficial y fascia profunda. Los dos sistemas aparentemente separados uno de otro, en realidad se conectan entre sí formando un sistema conjunto siendo sus conexiones más importantes la apertura superior del tórax, en la pared abdominal y en la pelvis. Tomando como base a Bianfet y a Pilat:

Fascia superficial

Gran envoltura de tejido conjuntivo laxo, adherida a la piel. Forma una red que se extiende desde el plano subdérmico hasta la fascia muscular o miofascia, formando compartimentos que sostienen al tejido adiposo (de espesor variable dependiendo de la región corporal). Con una importante función metabólica, de nutrición y respiración tisular.

Aponeurosis superficial

o sistema músculo aponeurótico

Gran aponeurosis que se distingue debajo de la anterior, Se presenta como dos aponeurosis simétricas que cubren cada una de las mitades del cuerpo, subdividiéndose en las envolturas de los músculos, Considerada como agente principal de la coordinación motriz: cada contracción muscular moviliza al sistema miofascial y cada restricción del sistema fascial afecta el funcionamiento equilibrado del sistema muscular.

Cadena cérvico-toraco-abdómino-pélvico

Conecta la base del cráneo, la columna cervical y dorsal alta al diafragma, sosteniendo a su paso -por medio de ligamentos- al corazón. Continúa bajo el diafragma hasta la pelvis y miembro inferior. Se pone tensa durante la inspiración.( Ver poster central, figura principal).

Peritoneo

Gran membrana fibro-serosa que une las vísceras entre sí, las separa y permite su desplazamiento. Es un tejido de sostén, protección y nutrición.

Membranas recíprocas

Las membranas meníngeas, particularmente la duramadre y sus expansiones forman una cadena inextensible que solidariza al occipital con el sacro.

El tejido conectivo tiene una rica inervación sensitiva con receptores que registran los cambios del mismo: tensión, variaciones mecánicas rápidas, vibración, impulsos lentos y presiones sostenidas. En las miofascias (estructura de los músculos) la mayoría de los receptores responden a la presión y a la tensión y pueden provocar respuestas a nivel neurovegetativo, por ejemplo cambios en el ritmo cardíaco y respiratorio.

La presencia de células musculares lisas aisladas en el tejido conectivo, podrían explicar la adaptación activa de las fascias: estado de “pretensión” funcional.

Es maravilloso como el organismo se adapta a las exigencias energéticas y del movimiento, los tendones por ejemplo, pueden soportar cargas de tensión de muy diferente rango, desde el mínimo hasta la mayor carga de tensión de todos los tejidos del cuerpo según los requerimientos biomecánicos.

En una distancia de un milímetro (1mm) -así son los mundos microscópicos- se produce progresivamente la transformación de un tejido blando en duro y las fibras de colágeno son “las estrellas” de este cambio, pues pareciera que se van “enraizando” en el hueso o “devienen” hueso.

Los músculos largos cuyas fibras están envueltas en com­partimentos fasciales y por último en la aponeurosis, se van modificando al acercarse a la zona de inserción a los huesos y el tejido cambia conformándose como tendón.

El tendón, cuyas fibras de colágeno son muy densas, va variando su estructura y continúa como fibrocartílago, que progresivamente se va mineralizando hasta ser hueso. Esta continuidad de las estructuras de colágeno, muestra la continuidad del sistema miofascial.

Cuando el equilibrio se altera demasiado por situaciones de estrés: postural, emocional, estructural, psicosomático, según lo queramos considerar, las estructuras se someten a tensiones exageradas y a veces hasta se rompen. El organismo tiene siempre “planes de emergencia”, uno de ellos es la densificación que puede llegar hasta la calcificación (por ejemplo: en la columna, el codo, el talón, el hombro, etc.). Logra así el objetivo de mayor protección a expensas de otras complicaciones como la menor movilidad y el déficit de irrigación entre otras.

La falta de movimiento, en alguna o en todas las direcciones y planos del espacio, hace que el sistema fascial disminuya su elasticidad y flexibilidad: la sustancia fundamental pierde agua y los entrecruzamientos de las fibras de colágeno se hacen más apretados y densos.

Parafraseando al “homo sapiens” que somos y como todavía no hemos mutado a “homo sentadus” o a “homo cyberneticus”, por ahora necesitamos movernos para que las fascias somato-viscerales-meningeas se deslicen, mantengan su hidratación y armonía estructural.

El sistema fascial sano y equilibrado asegura libertad de movimiento, estiramientos libres y sincronizados, logrando la mayor eficiencia con el menor gasto de energía. Leonardo Da Vinci ya lo decía: “conseguir lo máximo con lo mínimo”.•

 

Bibliografía:

—Bienfait M. – Bases fisiológicas de la terapia manual y la osteopatía- Editorial Paidotribo.

—Pilat Andrzej. – Terapias miofasciales :Inducción Moifascial . -Editorial Mc Graw Hill.

—Rolf Ida P. – Rolfing “La integración de las estructuras del cuerpo” – Editorial Urano.

 

Olga Nicosia es Kinesióloga, Osteópata, RPG, Prof. de Expresión Corporal. Titular de la Cátedra de Sensopercepción del Departamento de Artes del Movimiento del IUNA (Instituto Universitario Nacional del Arte).

4 comentarios en “Fascias: un sistema de integración”

  1. Siempre sorprendieron por hablar del cuerpo como una totalidad a pesar de las especificiades de cada sistema. Cai en la cuenta de cuanto extrañaba sus notas.. gracias por digitalizar la revista

  2. Muy bueno!! No sabía nada de las fascias ni de lo abarcativa que son y, mucho menos, que estaban integradas a todo el organismo.
    Gracias

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