María Fux, una danza para la vida…

Por María José Vexenat en colaboración con Malva Roldán
Seguiré danzando hasta que deje de respirar
Maria Fux

María, una intrépida de nuestra cultura, una osada mujer en la historia de la danza nacional que echó raíces en el mundo, se animó a trascender formas predeterminadas a partir de un claro posicionamiento ideológico, político y social. Concibió la danza como un derecho de las personas en toda su diversidad y demostró que la danza es trabajo, siendo ella una trabajadora incansable.

Tan difícil como poner palabras a la danza, es poner palabras a este momento, una mezcla de sensaciones, sentimientos, recuerdos se acopian intempestivamente. Nuestra querida María Fux ya no estará danzando entre nosotros como solía hacerlo, pero su ser y hacer con la danza tienen una intensidad tan vívida, que continuará presente en cada uno de nuestros cuerpos, de las corporalidades que fuimos afectadas por su arte, despertadas hacia una mayor libertad, acariciadas por su método.

Su recorrido profesional se nutrió de una íntima relación entre el arte de la danza y la vida misma, la del escenario cotidiano que observaba, profundamente, desde la transparencia de sus ojos inquietos y curiosos y que luego trasladaba a sus clases y espectáculos.

Referirme a ella es intentar transmitir ese amor que trascendió a su obra, esa entrega sensible que movilizó emociones, expandió los límites personales, derrumbó creencias estigmatizantes en tantas generaciones.

Danzar con ella marcó un giro en la vida de muchas personas. Quienes tuvimos el privilegio de recibir ese legado sabemos de la potencia de su comunicación creadora, ese recurso vital de su arte que permite, mediante la danza, un verdadero descubrimiento personal.

Pero, ¿de qué está hecha su Danza? ¿Cuál es su legado? ¿Cómo continuar?

María desarrolló su obra a partir de preguntas que ella misma respondía en movimiento. Desde pequeña desarrolló una sensibilidad muy especial y tempranamente se encontró leyendo a Isadora, esta bailarina de pies descalzos que desafiaba al mundo con su forma de vida y sus danzas.

Fotografía: Juan Rafael Onetto

La conexión con el mundo cultural que la rodeaba tuvo gran influencia en ella. El movimiento de la joven pintura argentina, el grupo Orión, pintores, grabadores, escultores, poetas cuyas conversaciones sucedieron alrededor del simbolismo, el cubismo y lo onírico. Decía María al respecto: “comenzaron a poblarme de imágenes nuevas y me dieron la posibilidad de alcanzar encuentros de danza más sedimentados”.

Ya en los comienzos de su carrera exploraba músicas que no eran las clásicas, estimulada por el impresionismo y la sonoridad de Ravel, Forest, Debussy y Erik Satie, comenzó a bucear en el mundo del silencio: “por primera vez surgían en mí formas sin sonido que me daban impresión porque no se apoyaban en la música”. Esas danzas en silencio fueron parte de las huellas que la ayudaron a encontrarse con Leticia, su primera alumna sorda.

De ese experimentar con diferentes recursos del lenguaje verbal y no verbal  surge una de sus técnicas que denomina palabras madres.

Creo que su habilidad intuitiva, junto a este grupo de artistas vinculados al surrealismo favorecieron el enorme despliegue creativo que María desarrolló en el tiempo, dándole vida a objetos, personificandolos, encontrando metáforas afectivas en la naturaleza o en la música, en la arquitectura, las geografías, en la poesía, en todo lo que estaba a su alrededor.

Uno de los ideólogos del grupo Orión, Ernesto. B. Rodriguez,  prologó su primer libro y allí escribió: “Ese algo más que nos quiso dejar la notable bailarina en este libro, donde el espíritu de su danza confiesa su nacimiento, su plenitud y….su volver a nacer”.

Tomo este fragmento porque me gusta la idea de volver a nacer en una danza, en un gesto, despedirla para volver a encontrarla  en una música, en la cotidianidad, en los rayos de sol, escuchando el ritmo de la lluvia o sintiendo un  viento caluroso en la piel, como estos días de primavera en invierno.

Tan atemporal estos días como su obra. Su método nace fruto de una época en que tantos referentes buscaron superar la danza de puntas en los palacios, la danza de monarquías, hegemonías y majestades. Sus técnicas son atemporales porque sólo son verdaderamente ejecutadas cuando pueden dialogar con el tiempo actual, con el contexto en que se ofrecen.

El carácter inquisidor de María también le da un título de investigadora en su campo. Su hallazgo como artista se sostuvo en la propia persistencia, coherencia y capacidad perceptiva para seleccionar y descartar los estímulos que impulsarían a las personas a moverse más espontánea y libremente.

Quienes se sumergen en la maravilla de sus clases expresan sentir la liberación de los miedos, el reencuentro con la calma, la plenitud, a la vez que reconocer  los No Se y los No Puedo instalados en sus mundos internos, para transformarlos en seguridad, confianza en el propio andar, en el propio moverse en el mundo.

María habla de los cambios que el ser humano produce a través del conocimiento, de la ciencia, la educación, la tecnología, el arte siendo el moverse el eje principal a través de lo que todo puede acontecer:

Los cambios que existen son precisamente por el movimiento. Estos cambios están unidos entre sí y son porque el hombre no queda inmóvil. Únicamente el movimiento es creación.

Supongo que esa certeza interna, movilizada con pasión, requirió de un trabajo solitario para encontrar las direcciones correctas. Aunque todo el contexto “le hablaba” y ella dialogaba con su ambiente, necesitaba retornar a su intimidad para profundizar en las particularidades de su método.

Y así son sus libros, no pueden leerse simplemente como un apunte técnico sobre un hacer, necesitan de una escucha atenta y perceptiva, de entrar en ellos desde tantas formas corporales, danzadas, musicales, escritas, dibujadas, sentidas, habitadas en la propia experiencia.

Continuar su legado es seguir tras esas huellas, profundizar, estudiar, para encontrar la propia identidad. Pero también de compromiso ético con el fin de  mantener la memoria encendida, siendo hacedores y multiplicadores responsables de ese conocimiento.

Hoy celebramos el placer de haberla conocido, de disfrutar y emocionarnos con sus espectáculos, libros, conferencias, congresos, seminarios, clases, charlas, documentales, proyectos.

Maria es de acá y es de allá, siempre viajando, dando a los otros, siendo un puente de comunicación y transmitiendo ese humor extraordinario que llega desde sus ancestros … ahora estará más cerca de ellos y eso nos hace felices.


María José Vexenat, Danzaterapeuta, Coreógrafa.
Malva Roldán, Psicologa, Danzaterapeuta.


-Fux, María, 1976. Danza Experiencia de Vida y Educación.  Editorial Paidós
-Barragán, Luis, 1981. Pintores Argentinos del Siglo XX. Centro Editor de América Latina, Tomo 1 por Marta Bendersky de Wegier-
– De Choch, Ana Asseo, 2012.María Fux En Movimiento. Página 12 Cultura y Espectáculos.
-Pellegrini, Aldo.2016. La conquista de lo maravilloso, ensayos reunidos. Editorial Argonauta

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