La columna vertebral

Texto del Dr. Hugo Ardiles y entrevista de Laura Corinaldesi

En la columna vertebral los cuerpos de las vértebras están uno sobre otro como una pila de monedas. Detrás de su cuerpo (cuerpo vertebral) las vértebras tienen un agujero (el agujero vertebral). Los agujeros apilados forman un tubo a lo largo de toda la columna. Dentro de ese tubo está la médula espinal, estructura nerviosa que lleva motilidad a músculos y órganos, y asegura sensibilidad a la piel.

Entre vértebra y vértebra hay un agujero lateral formado por una muesca de ambas: por estos agujeros de conjunción sale un nervio para cada lado, que va a una determinada zona del cuerpo.

Cada vértebra está unida con la de abajo por el disco intervertebral, formado por un cartílago de estructura particular: tiene una serie de láminas circulares, que son anillos fibrosos, formando capas cuyas fibras corren en diferentes direcciones: el anillo más externo tiene fibras verticales, que unen la vértebra de arriba con la de abajo. El anillo más profundo tiene fibras circulares horizontales que contienen al núcleo pulposo del disco como en una cápsula. El núcleo pulposo es de una sustancia gelatinosa que tiene función de resorte entre las dos vértebras, y les permite moverse entre sí, una sobre otra, en todas direcciones.

Los anillos fibrosos intermedios tienen sus fibras oblicuas. Estos anillos dan gran resistencia a los discos; y movilidad y fuerza a la columna vertebral: ella tiene que soportar el peso de toda la persona cuando estamos de pie, y le permite al cuerpo todo tipo de movimiento.

Cuando nacimos la columna tenía una sola curva cóncava hacia delante, como una banana. Los animales cuadrúpedos mantienen su columna con esta forma. En cambio los seres humanos, cuando nos pusimos de pie y comenzamos a caminar, la columna se nos fue incurvando. Las curvas hacia atrás se llaman lordosis, están en el cuello (región cervical), para permitir que la cabeza mire hacia adelante, y en la cintura, (región lumbar), para mantener el tronco erguido. En la región dorsal, en cambio, se produce una curva saliente hacia atrás, llamada cifosis, para formar la cavidad torácica donde se alojan los pulmones y el corazón. El sacro, la parte más baja de la columna, también tiene una curva saliente hacia atrás, porque es la pared posterior de la pelvis, que forma una cavidad como una sopera. Esas curvaturas normales pueden aumentar peligrosamente en algunos casos.

Cuando estamos largos tiempos de pie va aumentando la curva de nuestra columna hacia adelante en la cintura, la región lumbar, formando una hiperlordosis. Si en cambio estamos mucho agachados, leyendo en un escritorio o trabajando mirando hacia abajo, se nos va encorvando la espalda y se forma una hipercifosis en la región dorsal. 

Las vértebras que cuando nacimos tenían su cara superior paralela a la inferior, de a poco van tomando forma de cuña y al final nos será cada vez más difícil ponernos derechos. Al mismo tiempo, los discos, que en un comienzo eran fuertes y flexibles, se irán rigidizando, y de a poco nos costará más cambiar de posición.

Si forzamos estos discos rígidos con algún movimiento brusco o por un golpe, los anillos (bordes) de los discos pueden dañarse y fisurarse, dejando pasar por esas grietas parte de la gelatina del núcleo, empujando el anillo fibroso hacia atrás o hacia el agujero intervertebral por donde salen los nervios de la columna. 

A esta salida del disco hacia atrás se la llama protrusión: comprime los nervios que salen de la columna a ese nivel y produce intenso dolor en los lugares adonde llegan esos nervios). Y cuando esas fisuras son muy importantes, el núcleo no sólo empuja el anillo fibroso sino que sale del disco y se produce una hernia de disco. Cuando aprieta el nervio ciático a la altura de la columna lumbar se genera un gran dolor conocido como ciática.

Cuando la presión de los discos se produce en los nervios de la columna cervical las patologías llevan diversos nombres de acuerdo al nervio apretado: cefalea y jaqueca en los nervios que van a la cabeza, hombro doloroso en los que llegan al hombro, codo de tenista en los nervios de esa región, patología del túnel carpiano en los nervios que pasan por la cara anterior de la muñeca (el carpo) y llegan a la palma de la mano y a los dedos.

El mejor tratamiento

Todos estos problemas son consecuencia final de la artrosis de las vértebras. Una vez producidos es muy difícil hacerlos retroceder. Como producen inflamación, los antinflamatorios disminuyen el dolor, pero ocasionan otras molestias, como ardor de estómago, por ejemplo, y necesitamos tomarlos durante mucho tiempo. Pero no cambian el origen del problema: seguiremos con los discos rígidos, y pronto tendremos otras protrusiones o nuevas hernias de disco. Y no habremos mejorado nuestra movilidad.

Las gimnasias apropiadas constituyen el gran remedio, pero deben tener tres cualidades: tienen que ser graduales, tienen que disminuir y hacer desaparecer los dolores en forma definitiva, y tienen que devolver la movilidad a la zona dañada. 

Consideramos que la Terapia Corporal de Centros de Energía, con su Gimnasia Correctiva logra estas tres condiciones y además, la persona que estaba dificultada para moverse siente que recupera su vitalidad, rejuvenece.

La gimnasia correctiva produce alivio inmediato del dolor y, de a poco, liberación de los movimientos de todo el cuerpo, que adquiere sensación de plenitud y progresiva eliminación de otros dolores crónicos provocados por el pegoteo de los cartílagos de todas las articulaciones en general.

Uno de los movimientos más importantes para la curación de los discos intervertebrales es la torsión, acostado o sentado, en principio bajo el cuidado y la guía de un instructor adecuadamente capacitado. 

La Gimnasia Correctiva de Centros de Energía va movilizando las partes del cuerpo que corresponden a cada Centro de Energía (los Chakras). Como los movimientos son expresivos y acompañados de músicas apropiadas, la transformación se experimenta también en toda nuestra persona, modificando nuestro estado habitual de ánimo, nuestras emociones recurrentes, y hasta puede hacernos cambiar nuestros recuerdos y emociones perturbadoras.

La patología

La artrosis es la causa de estos problemas de la columna. Es una de las enfermedades reumáticas más comunes y hasta está considerada como normal en el envejecimiento.

Se llama artrosis al endurecimiento de los cartílagos que recubren las superficies articulares de los huesos. Este endurecimiento disminuye la amplitud del movimiento de las articulaciones, y produce dolor. Los cartílagos no tienen arterias ni venas. Ni tienen nervios, por lo que son indoloros. Cuando el cartílago envejece o se daña se le forman vasos sanguíneos y nervios. Por tener sangre, se pega el cartílago de un hueso con el del otro, y se dañan al despegarse con el movimiento. Por eso duelen las articulaciones con artrosis cuando comenzamos a moverlas y desaparece o disminuye el dolor al seguir moviéndolas.

Estos cambios del cartílago son acompañados por algunas deformaciones del hueso: sobresalen sus bordes como intentando unirse con el hueso de arriba para inmovilizar la articulación. “Picos de loro” se los suele llamar a los bordes de los huesos por su forma curva. El nombre médico es osteofito.

Una de las partes del cuerpo en donde más comúnmente encontramos artrosis es en la columna vertebral, especialmente en personas con malas posturas. Ejemplo de esto son las escoliosis (curvas laterales de la columna), que se desarrollan desde joven por diferentes causas, en especial por tener una pierna más corta que la otra. Otro ejemplo es la cifosis (columna dorsal saliente hacia atrás) por mala posición a causa de la timidez, o por permanecer mucho tiempo agachado; y la hiperlordosis, curvatura exagerada de la cintura.

Las artrosis se producen cuando las articulaciones dejan de cumplir su función específica, que es facilitar el movimiento.  Recordemos el conocido refrán: “la función hace al órgano”. Encontramos precisamente esta patología en las personas de edad avanzada, con vida sedentaria. Las de menor edad y los jóvenes también pueden sufrir de artrosis cuando su movilidad es reducida o inadecuada.

Conclusión: no dejemos de movernos, tenemos que hacer gimnasia el resto de nuestra vida para mantenernos ágiles, lúcidos y vitales.

Hugo Ardiles, Médico, Homeópata, Fisiatra y Psicoterapeuta. Creador de la Escuela de Terapia Corporal de Centros de Energía. Falleció en junio 2020.

Actualmente la Escuela continúa dando clases y formando instructores. Más información en: https://www.facebook.com/EscuelaDrHugoArdiles/


Entrevista a Hugo Ardiles 

Del violín a los Centros de Energía

escribe: Laura Corinaldesi

“Con cuarenta años de trabajo y diez de experiencia junto a Susana Milderman sé que el camino superador se realiza en el cuerpo a través de las emociones y desde éstas hacia el movimiento energético.”

El principio de mi recorrido personal y profesional estuvo ligado a la música. A los 25 años viajé de Córdoba a Buenos Aires para trabajar como violinista en la Orquesta sinfónica del Colón. Mi proyecto era llegar a Estados Unidos donde me habían ofrecido una beca para estudiar música de cámara y dirección de orquesta. Recuerdo que estaba muy solo en esta ciudad y había caído en una gran depresión. A instancias de un amigo, Mauricio Kagel, fui al estudio de Susana Milderman, la mujer que me abrió el camino y promovió un cambio muy profundo de  mi ser. Nunca había hecho gimnasia, no me gustaba y fue tan enorme el influjo de su personalidad que terminé formándome como instructor. Susana era muy particular. No tenía instrucción pero era dueña de una profunda intuición y generosidad. Su gimnasia ponía la técnica al servicio de la expresión y nos enseñó a percibir el maestro interior que todos llevamos dentro. Cuando tenía 25 años era tímido e inseguro, corporalmente era una persona “metida hacia adentro”. Experimenté un proceso muy intenso en el que fui abriéndome, dejando atrás mi timidez; me fui sintiendo más seguro con los demás, y por otro lado cada vez más sensible: podía sentir más a la gente, hasta podía percibir lo que les pasaba a mis alumnos. Esta gimnasia modifica la postura (que es el modo de sostenerse y de estar en la vida). La postura corporal es el origen de diversas patologías típicas: cifosis dorsal, lumbalgias, ciáticas, dolores y contracturas cervicales, y por otro lado está relacionada con problemas emocionales importantes. Paralelamente quise encontrar una fundamentación en la ciencia y me recibí de médico. Comencé a buscar respuestas en la psicoterapia, en el estudio de la filosofía oriental, en la teoría de los Chakras, en el yoga y en el Budismo Tibetano.

La base de nuestro Sistema es que el abordaje de la persona se sustenta en lo corporal. Cuando movemos una parte del cuerpo se mueven también distintos aspectos relacionados con una zona: cada Centro de Energía es como una rodaja de nuestro cuerpo. En esa rodaja encontraremos órganos, huesos, músculos, emociones, sentimientos y afectos, vida intelectual, mente creativa y espíritu. Al movernos de una determinada manera ponemos en acción todo lo que está dentro de ese Centro de Energía. Por ejemplo, cuando destrabamos la zona del centro Lumbo-Sacro (Swadisthana en sánscrito) aparecen en la consciencia todos los aspectos vinculados con esa parte del cuerpo (caderas, pelvis, órganos sexuales), pero también se desbloquean los aspectos orgánicos, resultando así la prevención y hasta la curación de patologías de los órganos de ese centro (ovarios, testículos, colon ascendente y colon descendente, y todo el aparato urinario).

Después del recorrido por la medicina occidental y las disciplinas orientales, investigué las teorías de Wilhem Reich. Lo que hice fue sistematizar nuestra gimnasia desde ese punto de vista: la energía suele quedar atascada en diferentes partes de nuestro cuerpo, constituyendo memorias energéticas. Reich llamó a estas memorias “corazas” porque tienen sentido defensivo, como las corazas de los guerreros.Todo aprendizaje tiene este sentido defensivo ante la vida y produce un estancamiento parcial de la energía, de modo que, después de establecida la coraza, repetimos los movimientos aprendidos siempre de la misma manera, como estereotipos carac­terísticos de cada persona. Esto es útil, como lo es todo aprendizaje, pero cuando queremos hacer algo de manera diferente nos sale de la forma aprendida, grabada en la memoria muscular. En este caso, lo aprendido deja ya de sernos útil y se convierte en algo que actúa en contra nuestro. De esa manera están grabados los prejuicios y las inhibiciones. Reich decía que la coraza le servía al guerrero en la batalla, pero que si durmiera con ella o abrazara a su amada con la armadura puesta no le sería posible vivir plenamente su vida. Lo que es útil en un momento, deja de serlo en otros. Habitualmente no somos conscientes de esta situación pero cuando la comprendemos sentimos la necesidad de trascender este impedimento.

Hay que “limpiar” los centros de energía para disolver sus corazas. En general, no hablamos de desarrollo de los centros, sino de limpieza, porque cuando están “limpios” los centros se desarrollan solos.

El uso de la música es de vital importancia. El ritmo, la melodía, la cadencia, la armonía y la expresión se transmiten al movimiento sin un criterio de imitación. Nuestra técnica no es directiva. El instructor no comunica intelectualmente nada, se deja llevar por el movimiento y el alumno expresa lo que halla en su interior.

La limpieza de los centros consiste en disolver estas corazas poco a poco. Las corazas duras a través de la relajación, dándoles movilidad y flexibilidad. Estas personas tienen que aprender a confiar en los demás. En las corazas blandas, trabajaremos fortaleciéndolas hasta conseguir que los sujetos aprendan a no perder energía y a tolerar los esfuerzos sostenidos. Necesitan autosostenerse y confiar en sí mismos. En las corazas rígidas buscaremos ayudas externas como el masaje, la quiropraxia, la asistencia durante el movimiento. Aún recuerdo cómo era antes de mi trabajo corporal: agachado, tenía la columna rígida, me movía con dificultad. Me llevó mucho tiempo levantar, abrir y mover y los brazos. Conectarme con el centro cardíaco me resultó de gran utilidad.

Con cuarenta años de trabajo y diez de experiencia junto a Susana Milderman sé que el camino superador se realiza en el cuerpo a través de las emociones y desde éstas hacia el movimiento energético. Hoy me siento orgulloso de extender mis enseñanzas en Barcelona, Bilbao, Madrid y saber que mis discípulos serán los continuadores de una tarea que a  mí me llevó toda una vida.

 

Entrevista publicada en Kiné Nº 75 – diciembre 2006 – abril 2007

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